Revuelto de morcilla y cebolla de la abuela

Contundente de verdad

Revuelto de morcilla y cebolla de la abuela

Tiempo
20 min
Energía
545 kcal
Dificultad
Fácil
Raciones
2
La ración
≈ 1,16 €

Contiene: Huevo, Gluten

La morcilla se desmiga y se fríe sola hasta soltar su grasa. Sin piel, en trozos irregulares, a temperatura media hasta que se deshace y empieza a tostarse por los bordes. Esa grasa es la que cocina después el huevo, y por eso el revuelto de morcilla y cebolla apenas necesita aceite añadido.

La cebolla va pochada mucho antes, y muy hecha. Veinte minutos a temperatura baja hasta quedar melosa y casi dorada: su dulzor equilibra el hierro y la especia de la morcilla. Cruda o apenas sudada se queda a medio camino y el plato sale plano y graso, sin el contrapunto que lo hace comestible en cantidad.

El huevo se cuaja fuera del fuego. Se bate apenas, se vuelca sobre la morcilla y la cebolla, se cuenta hasta veinte removiendo con la sartén todavía caliente y se retira: el calor residual termina el trabajo mientras se lleva a la mesa. Cuajado del todo en la sartén llega seco al plato. Se sirve sobre pan tostado, que recoge lo que suelta. Los huevos rotos con pimientos juegan al mismo huevo poco hecho sobre una base más suave.

Por ración

545 kcal · reparto de la energía

Proteína
23 g · 17 %
Hidratos
32 g · 24 %
Grasa
36 g · 60 %

Pasos

6 pasos · 13 min de espera con temporizador

  1. 1

    Pocha la cebolla en pluma fina a fuego medio-bajo con el aceite y una pizca de sal, 10 minutos largos. Aquí la cebolla tiene que quedar muy dulce: es lo único que contrarresta lo contundente de la morcilla.

    10 min

  2. 2

    Quítale la piel a la morcilla y desmenúzala con los dedos. Súbela al fuego con la cebolla 3 minutos, deshaciéndola con la espátula hasta que suelte su grasa y se vea suelta.

    3 min

  3. 3

    Retira el exceso de grasa de la sartén con una cuchara si ha soltado mucha. La morcilla suelta bastante y, con la del huevo encima, el revuelto queda pesado de más.

  4. 4

    Bate los huevos con pimienta y muy poca sal — la morcilla ya viene salada. No los batas hasta integrarlos del todo: las vetas de clara y yema son lo que hace jugoso un revuelto.

  5. 5

    BAJA el fuego antes de echarlos. Es el paso que la gente se salta y el que decide el plato: a fuego fuerte el huevo cuaja en grumos secos en diez segundos.

  6. 6

    Remueve despacio desde el fondo y apaga cuando aún se vea brillante y algo líquido. Sirve inmediatamente sobre el pan tostado — el calor residual acaba de cuajarlo en el plato.

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