Pizza casera de burrata

Tu capricho del viernes

Pizza casera de burrata

Tiempo
40 min
Energía
720 kcal
Dificultad
Medio
Raciones
2
La ración
≈ 1,75 €

Contiene: Gluten, Lactosa

La burrata no entra al horno. Es la única cosa que hay que recordar de esta pizza. Horneada, se deshace en un charco de suero y grasa que moja la masa; puesta encima al sacar la bandeja, el calor residual la ablanda por fuera mientras el interior sigue cremoso y fresco. La diferencia entre las dos versiones del mismo plato es enorme y depende de ese momento.

El horno, a tope y con tiempo. Una pizza casera se parece a la de una pizzería en la medida en que el horno se acerca a su temperatura máxima, y llegar ahí lleva bastante más que los diez minutos de precalentado habituales. Media hora encendido antes de meterla no es exagerado. El borde exterior se deja sin tomate a propósito: es la parte que se hincha y se tuesta.

La rúcula y el aceite, también fuera del horno. La hoja se quema en segundos y el aceite crudo pierde su aroma al calentarse, así que ambos van al final, sobre la burrata ya colocada. Se come de inmediato, mientras el contraste entre masa caliente y queso tibio todavía existe. La misma pareja de mozzarella fresca, tomate y albahaca, en frío y sin horno, es la ensalada caprese.

Por ración

720 kcal · reparto de la energía

Proteína
30 g · 17 %
Hidratos
78 g · 44 %
Grasa
30 g · 38 %

Pasos

6 pasos · 11 min de espera con temporizador

  1. 1

    Enciende el horno a la temperatura máxima (idealmente 240°C) y deja que se caliente bien — cuanto más caliente esté, más se parecerá tu pizza a la de una pizzería.

  2. 2

    Estira la masa con las manos o un rodillo, y extiende el tomate por encima dejando libre el borde exterior, que es el que luego se hincha y dora.

  3. 3

    Sazona con sal y orégano y hornea hasta que el borde esté dorado y crujiente — vigílala, cada horno es un mundo.

    11 min

  4. 4

    Saca la pizza del horno (¡con cuidado, quema!) y reparte la burrata troceada por encima — el calor de la pizza la derretirá un poco, que es justo lo que queremos.

  5. 5

    Añade un puñado de rúcula fresca y un buen hilo de aceite de oliva por encima.

  6. 6

    Sirve enseguida, mientras la burrata está todavía tibia y cremosa por dentro.

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