El pesto, pero con proteína

Pasta al pesto con pollo

Tiempo
20 min
Energía
615 kcal
Dificultad
Fácil
Raciones
2
La ración
≈ 1,77 €

Contiene: Gluten, Lactosa, Frutos secos

El pesto nunca toca el fuego. Se mezcla con la pasta ya escurrida y la cazuela retirada de la placa: calentado, la albahaca se oxida y pasa de verde a caqui, el aceite coge un amargor raro y el queso que lleva dentro se agarra formando hilos. La pasta al pesto con pollo se monta en el último paso y no vuelve al calor.

El calor de la pasta es el que basta. Recién escurrida está a noventa grados, y eso afloja el pesto, lo vuelve untuoso y consigue que se pegue a cada macarrón. Si la dejas enfriar en el colador mientras terminas el pollo, el pesto se queda espeso y en grumos: primero el pollo, y la pasta lo último.

Los cherry pasan un minuto por la sartén del pollo. Partidos por la mitad y sobre el fondo que ha dejado la carne: se ablandan lo justo, sueltan algo de jugo dulce y ese jugo es lo único ácido que hay para cortar la grasa del pesto y del parmesano. Crudos también sirven, pero el plato queda más plano. Sin pollo y con la albahaca de protagonista está la pasta con pesto y tomates cherry.

Por ración

615 kcal · reparto de la energía

Proteína
44 g · 29 %
Hidratos
61 g · 41 %
Grasa
20 g · 30 %

Pasos

5 pasos · 18 min de espera con temporizador

  1. 1

    Cuece la pasta en un cazo con agua y sal el tiempo que diga el paquete.

    10 min

  2. 2

    Mientras, salpimienta el pollo en tiras y saltéalo en una sartén hasta que se dore.

    7 min

  3. 3

    Parte los tomates cherry por la mitad y dales un minuto en esa misma sartén.

    1 min

  4. 4

    Escurre la pasta y mézclala con el pesto fuera del fuego.

  5. 5

    Añade el pollo, los tomates y el parmesano y remueve.

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